Era un lugar espacioso, cubierto por una gruesa capa de polvo en el que se podía percibir un largo rastro de sangre derramada. Eliot estaba en una vieja y abandonada playa de estacionamiento y solo se veía una salida que conducía a un estrecho callejón. La espesa y nauseabunda niebla no le permitía ver más allá de unos cuantos metros a la redonda. El chico serró la entrada a su casa y sumido en el silencio comenzó a avanzar. Su bolso le pesaba por qué a último momento decidió llevar sus preciados libros.
Al salir del callejón se encontró con altos edificios, todos abandonados, ventanas rotas, paredes destrozadas que provocaban una gran sensación de desaliento. A pesar de que la oscuridad era penetrante podía distinguir, no solo luces de color verde como su madre le había dicho antes y que eran las dominantes, sino que también rojas y reflejos de un blanco plateado. La calle estaba totalmente desierta pero en la lejanía podía escuchar gritos extraños.
Sabía hacia dónde dirigirse en ese momento pero tarde o temprano tendría que utilizar su mapa. Avanzó por la calle que debería tener un cartel con el nombre de Rivington St pero este había sido arrancado hacia ya mucho tiempo. Lo sorprendente era el mal estado en el que se encontraba todo, como si jamás hubiesen limpiado.
Algunos gatos desnutridos buscaban sin suerte algo para comer en viejos botes de basura. El silencio era aterrador y el frio incrementaba con el paso del tiempo. Las calles parecían más largas de lo que se había imaginado Eliot, quien se encontraba muy triste pero a la vez sabia que se alegraría si encontraba algún mago. Sujetaba su reloj y miraba la hora cada tanto ya que este tenía luz propia, lo que lo ayudaría cuando necesitara ver el mapa.
Los sonidos de las voces cada vez eran más audibles al igual que la proyección de las luces plateadas contra los muros de los altos edificios, pero lo más extraño era que el frio se hacía insoportable. La desesperanza inundó su alma.
Allí, al doblar la esquina se encontraban cientos de figuras flotando en el aire siendo empujadas por unas cuantas de un resplandeciente blanco plata, junto a ellas caminaban una gran cantidad de hombres encapuchados. Eliot los siguió, desviándose de su camino, hasta que supo que eran ellos los responsables de los continuos rayos de luces, pero lo que vio lo paralizó.
Estaban frente a una buena cantidad de personas, todas ellas acorraladas contra la pared, y en pocos minutos todas cayeron al piso, inmóviles. Algunas porque una enorme ráfaga de luces verdes les inundo los rostros y otras por que los inmensos espectros hicieron algo que Eliot no logró a ver con claridad pero estaba seguro de que lo sabía. Ahora fue el terror el que se apoderó de él, si esos eran magos algo le decía que no eran buenos.
Pero su reacción llegó demasiado tarde. Al mirar hacia arriba una espeluznante figura lo observaba, hambrienta de felicidad y detrás los hombres encapuchados ya se habían percatado de la escena. Eliot tuvo pocos segundos para escapar, ya que los hechizos de los encapuchados fueron lanzados sin vacilación y la enorme figura ya mostraba su terrible rostro. Jamás había imaginado que lo vería en persona.
Eliot corrió con todas su fuerzas, tanto que sus rodillas por poco no se parten y su corazón brincaba tanto que parecía que quisiese salir a respirar el aire polvoriento del exterior. Para ser la primera vez que corría lo hacía muy bien pero gastaba más energía que cualquier persona normal.
Los malvados magos gritaban en voz muy alta, en particular uno rubio, alto y de nariz ganchuda, pero lo hacían en una lengua desconocida para Eliot, y sus ataques incrementaban a medida que el chico se alejaba. Una maldición asesina paso muy cerca de su oído pero por suerte no le dio. El chico estaba desesperado. De repente una nueva cantidad de dementores apareció en el aire delante de él provocando que tuviera que doblar inesperadamente en una esquina y luego de seguir corriendo en otra más.
Eliot ya estaba cansado y le dolía en un costado, su preocupación en aquel momento era encontrar un lugar donde esconderse y pronto vio en la distancia una estrecha rendija entre un hueco en una pared y unos pesados muebles, pero su tener era si podría llegar a tiempo para correr el obstáculo entre su salvación. Miró hacia atrás, los perseguidores aun no doblaban la última esquina que los separaba. Al volver a mirar hacia delante vio que los muebles se encontraban a una distancia mayor del hueco que la última vez, pero pensó que se debía a que estaba corriendo y logró meterse a tiempo para volver a tapar la entrada.
Con el corazón palpitando, Eliot aguardó en silencio. Estaba traspirando mucho. Durante unos segundos se quedo inmóvil, pero luego recordó que era imposible ocultarse de esa forma de los dementores y decidió alejarse todo lo que pudo de la calle y se adentró más en aquel edificio abandonado. La mayor parte del edificio estaba en ruinas, sucio y lleno de ratas. Decidió subir al segundo piso y allí encontró un viejo sillón que no estaba en tan mal estado pero si sucio, lo sacudió con un trapo que cogió del suelo y luego se sentó a aguardar a que lo encontrasen, pero a pesar de lo asustado que se encontraba eso no pasó.
Eliot revisó su mapa para tratar de adivinar en donde se encontraba y aunque se esforzó por recordar que calles había tomado no lo consiguió. Sabía que no podía quedarse por mucho tiempo allí por qué faltaban pocas horas para el amanecer y ni siquiera sabía en donde se encontraba, pero se tomo el tiempo suficiente como para que los perseguidores se olvidaran de él.
Luego de una hora aproximadamente, Eliot salió de su escondite para tratar de encontrar algún cartel caído que le dijese su localización. Trató de hacer el menor ruido posible y se escabullía por la sombra. Su búsqueda no duró demasiado ya que al cabo de un par de cuadras encontró un cartel con el nombre de Vincent Terrace y más tarde lo localizó en el mapa. Por suerte no se había alejado demasiado y pronto pudo retomar su camino pero lo hacía de forma sigilosa y lenta, esquivando la basura esparcida por toda la calle.
Al llegar a unos pocos metros de la estación Eliot revisó su reloj y descubrió que todavía faltaba casi cinco horas para la once y decidió alojarse un rato en una vieja tienda abandonada por qué tenía tanto sueño que no podría hablar con nadie.
El lugar, que en algún momento estuvo surtido de cientos de cosas, en ese momento estaba desierto y en mal estado. Eliot se sentó recostado sobre la pared, programó su reloj para no pasarse de la hora y lentamente se fue durmiendo.
Al despertar no podía creer todo lo que había sucedido en tan pocas horas, al recordar que no podría hablar nunca más con su madre volvió a derramar unas cuantas lágrimas. Se encontraba solo en una vieja tienda y además casi muere en una persecución por magos, lo que estaba buscando y le aturdía la idea de pensar en que los demás brujos serian así. Eliot revisó nuevamente su reloj luego de desperezarse y supo que tenía que levantarse y marchar hacia aquel lugar por qué ya eran las diez y media.
-Allá vamos -se dijo así mismo al encontrarse frente a la estación de trenes King’s Cross.
El chico cruzó las puertas de entrada y nuevamente se desilusionó, todo en el país parecía fantasmal, incluso la estación ya que en su interior solo había polvo y más polvo. Estaba todo obscuro aunque el calor del día ya se sentía y al mirar hacia arriba descubrió por qué no entraba ningún rayo de sol: los cristales del techo tenían una tan gruesa y grasienta capa de suciedad que no dejaba ni un centímetro descubierto. Como última esperanza Eliot decidió que debía echarle un vistazo al andén que se encontraba detrás de la barrera que dividía el andén nueve del diez.
Eliot caminó en la oscuridad durante un largo trayecto por qué la estación era bastante amplia y pronto se encontró con todas las barreras que dividían los andenes, todas hechas de ladrillo, de las cuales nadie que no allá leído los libros de Harry Potter sabría que una de ellas oculta un gran secreto y menos intentaría atravesar, pero él sí, él lo sabía y no pararía hasta dar con algún mago de confianza.
Finalmente estaba allí, frente a la barrera tan nombrada en sus libros, y la cruzaría. Eliot estaba algo nervioso pero dispuesto y comenzó a avanzar a paso veloz. Al siguiente instante se encontró en una oscuridad total pero que no duro mucho tiempo en darle paso a un lugar más claro y caluroso.
Por fin había llegado a uno de los lugares de sus sueños, delante de él estaba el andén 9¾, pero no era precisamente como se lo imaginaba.
genial
wow!! asi nada mas!! el mundo esta lleno de magos!! malos por supuesto, o no? y los dementores libres en las calles? qe le paso al mundo?, la vdd me gusta tu historia, tienes en Danielle a la primera de muchos seguidores hahaha bueno qiza la segunda o la tercera hahaha pero de qe te seguire hasta el final eso seguro, me has dejado intrigada he de confesar.
Bueno te dejo saludos, hasta españa segun me he podido enterar, oye puedo preguntar tu edad?
Entonces hasta la próxima. Danielle.
gracias por los comentarios. Gracias por arrimarce y hechar un vistazo, espero que les guste lo que siga escribiendo y en cuanto a lo de la edad Danielle tengo 17.
Saludos a todos los que siguen esta historia.
Esta vakno las sigo jeje
estuvo buenísimo!! me gsuta un buen tu historia.. muchas felicidades..
besitos
me encantaaa! eres de españa¿? de que parte?¿ actualiza prontooooo
wow!! eres super joven!!! hahaha la vdD! muchisimas felicidades, tienes ideas muuuy buenas!!, y pues bueno aqi me tienes en la espera de la siguiente entregaaaa, te dejo mas saludos oki!!
Danielle.
bienvenida padfoot espero seguir viendote por aqui y encuanto a si soy de españa , pues no, soy argentino pero vivo en españa madrid.
saludos
me encantaron, esto esta escalofriante quiero leer lo demàs ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡felicidades skarlax!!!!!!!!!!!!! definitivamente sirves para algo
gracias daswan